martes, 18 de mayo de 2010

arroz con cucarachas iv,

martín mete el arroz con cucarachas en la nevera,

para que las cucarachas estén fresquitas,
luego lo saca y lo mete en el microondas,
y así las cucarachas están calentitas,

el aroz con cucarachas iii,

creo que el arroz cucarachas se vende por separado del otro arroz, el rojo y el blanco,

bah, qué de arroces,
pero estaba rico,

arroz con cucarachas ii,

me ha dicho martín que me va a enseñar a hacer arroz con cucarachas,

que es fácil,
además es que estaba rico,

arroz con cucarachas pequeñitas,

me ha dao e cenar martín,

los restos de comida,

me han dicho que no deje restos de comida en la cocina por la noche,

pero si no los dejo,
tengo miedo de que las cucarachas al no encontrar nada que comer en la cocina,
salgan de la cocina y me coman a mí mientras duermo,

martín vive en una casa sin cucarachas,

estoy en casa de martín,

miro a las paredes,
hay manchas oscuras,
me acerco,
no son cucarachas,
martín vive en una casa sin cucarachas,

jueves, 13 de mayo de 2010

pronto,

pronto saldrá el especial de la hora de nico dedicado a las puertas, con muchos colaboradores, incluido uno que me acaba de tocar un hombro y me hecho mucho daño,

ay, mi hombro,

miércoles, 12 de mayo de 2010

"el periodismo posdramático afortunadamente todavía no se ha inventado" (j.a.v.)

el uno y el otro,

el uno: el profe de mi cole está diciendo lo mismo del otro día,

el otro: ya, es que sólo sabe eso, y lo repite,

las 3 etapas del niculista,

las 3 etapas del niculista son:

- el preculo

- el culo

- el postculo

eh,

en cualquier momento la hora de nico se puede volver a autodestruir,

es verdad,

no es guasa,

martes, 11 de mayo de 2010

"la esperanza huele a pescado" (t.u.)

los premios,

me voy a meter la televisión por el culo,
porque da premios de teatro a los actores de la tele, por ser actores de la tele,
tururú x3,

"todo es culo, aunque pensemos lo contrario" (goethe)

"el culo es lo único que nos quedará después de que todo pase" (becquer)

nico es un mierda,

y no sirve para nada,
no os pongáis tan tristes,
que no,

sábado, 8 de mayo de 2010

,,,

la hora de nico se autodestruirá en pocos minutos,
 

siete,

creyó que tenía un amigo,
uno,
porque sabía que los demás ya no los tenía,
le quedaba uno solo,
pero pasó que cuando se sacó los ojos,
y se los iba a regalar,
porque era su amigo,
su único amigo,
y los ojos habían sido tan importantes para él,
y le habían sido tan útiles,
y había visto tantas cosas con ellos,
pues cuando se sacó los ojos,
y se los iba a regalar,
se dio cuenta de que su amigo ya no lo era,
y los tiró por el váter,
pensó que si esa última persona a quién podía confiarle los ojos,
ya no era su amigo,
los ojos estarían mejor en el fondo del váter,

seis,

si un día me levantara,
y después de desayunar,
que me gusta mucho,
pensara un poco,
y me acordara de que tengo un amigo,
le regalaría mis ojos,
no los tiraría por el váter,

viernes, 7 de mayo de 2010

cinco,

si tú fueras mi amigo,
tú,
te regalaría mis ojos,
no los tiraría por el váter,

el amigo,

érase una vez un tipo que le dijo

                               a un amigo que tenía

                                       que iba a hacer una cosa,

una cosa que le suponía mucho esfuerzo,

una cosa que le suponía un reto,

una cosa para la que iba a necesitar apoyo,

una cosa a la que se le podía ayudar de muchas formas,

una cosa difícil pero fácil,

una cosa que todo el mundo hace,

una cosa importante,

una cosa para la que necesita un empujón,

un aliento,

 

y ese amigo que el tipo tenía,

ese amigo que por el hecho de serlo

      sabía lo que significaba la cosa para el tipo,

en vez de empujar al tipo,

en vez de alentar al tipo,

prefirió hacer otra cosa,

como pasar del tipo,

como hacer lo contrario de lo que el tipo esperaba del amigo,

 

y el tipo entonces se empezó a acordar

         de todos las cosas a las que no le había alentado el amigo,

y el tipo entonces unió los cabos sueltos

                        y se dio cuenta de muchas cosas,

y el tipo entonces pensó en el egoísmo

      y llegó a la conclusión de que los amigos son egoístas,

porque el tipo generalizó,

pues si el amigo era un egoísta,

entonces los amigos son egoístas,

es una regla que tiene el tipo,

de lo concreto a lo general,

y para el tipo esa regla se cumple,

 

el amigo es un egoísta,

entonces los amigos son egoístas,

cuatro,

si un amigo tuviera,
uno sólamente aunque fuera,
le haría un regalo,
un regalo para un amigo,
mis ojos,
que no irían a parar al váter,
eso haría si un amigo tuviera,
 

jueves, 6 de mayo de 2010

tres,

si tuviera un amigo,
sólo uno,
le regalaría mis ojos,
no los tiraría por el váter,
no,
no,
no,

dos,

si tuviera un amigo,
sólo uno,
le regalaría mis ojos,
no los tiraría por el váter,
 

martes, 4 de mayo de 2010

uno,

si tuviera un amigo,
sólo uno,
le regalaría mis ojos,
no los tiraría por el váter,

lunes, 3 de mayo de 2010

El sillón para leer

En Semana Santa, uno de esos días que no era festivo y no tenía obligaciones tales como trabajar, fui invitado a comer a casa de un amigo. Él dijo que yo ya había ido a esa casa. Yo pensaba que no, pero no se lo aseguré, hasta un rato después de comer, en que me enseñó el resto de la vivienda, y vi la habitación para la leer, con el sillón para leer. Cuando vi aquel sillón rodeado de libros en cada pared, miles de libros, estuve completamente seguro de que no había estado nunca allí, porque me habría fijado en eso. Cuando lo vi, me di cuenta de que ya no leo, y pensé que quizá es porque no tengo un lugar para leer, un sillón como aquél. Me dio mucha envidia. Pensé en todas aquellas veces en que he tenido ganas de tirar todos los libros porque no los puedo leer. Puede ser que no me haga falta un sillón, tal vez con una silla me conformaría. Al día siguiente, paseando por Alcalá de Henares, lo comenté con otro amigo, porque la existencia de ese sillón me había impactado, y mi amigo me dijo que él tampoco lee, que lleva un par de años sin leer. "Qué coincidencia", pensé. "¿Serán un par de casos aislados o una epidemia?", le dije. Pero él no respondió.

 

Esta Semana Santa me acordé de mi infancia y de mi juventud en que yo lo leía todo. Cuando iba al colegio me cogía 1 libro juvenil de la biblioteca del colegio antes de ir a casa a comer, a las 12 del mediodía, y al regresar para la clase de por la tarde, a las 3, ya me lo había leído. Para los fines de semana me prestaba la profesora, incumpliendo las normas de la biblioteca, 5 o 6 libros, porque si no, me aburría en casa. Cuando terminé con todo el catálogo de la biblioteca (las aventuras de Los Cinco, de Los Siete Secretos, de Los Hollister, de Guillermo), empecé a leer lo que había en casa, que era poco variado y realmente no para mi edad (las obras completas de Galdós, los libros sobre vida familiar y sexualidad de los años 70, y las novelas de Martín Vigil). Esta segunda etapa de mi vida de lector no sé hasta qué punto la aproveché, o hasta qué punto entendía lo que leía en ella. En mi casa no importaba lo que el niño, yo, leía, porque mi padre no me miraba cuando pasaba por el salón y me esquivaba para no tropezar conmigo, y mi abuela no sabía distinguir los libros, pero alguien de fuera de casa, un primo mío debió de darse cuenta de que la cosa no podía seguir así, que para un niño de 10 años no era esa la mejor lectura, y empezó a llenarme la habitación con libros de aventuras, y novelas de Julio Verne, y todo aquello que en su juventud había leído (me llevaba y me lleva 15 años). Y así leí otro tipo de libros más interesantes para mí que lo que poblaba mi casa. Y empecé a acumular en mi habitación miles y miles de libros, que la familia me compraba, porque cuando íbamos a algún supermercado o tienda, yo me paraba en la sección de ofertas de libros, y hasta que no me regalaban algo no me movía de allí. Como era un niño nervioso, aquella era la mejor forma de entretenerme, comprarme novelas de misterio de Agatha Christie y de Simenon, y de muchos autores cuyo nombre he olvidado, pero que están cerca de mí cuando escribo esto, en las paredes de mi habitación. Después, cuando pasé de los 15, cayeron en mi mano los best-sellers americanos. Y más tarde empecé a estudiar muchos idiomas y a tener libros en todas esas lenguas.

 

Ahora que me planteo dejar esta habitación que he ido llenando de libros diversos desde la infancia, me surge el dilema de qué hacer con ellos. Porque desde hace varios años no leo, y entre los que ahora tengo hay muchos libros que no he leído. Y pienso si el motivo de no leer es que no tenga un sillón para ello. Debe de haber un momento en que dejé de hacerlo. No fue al entrar internet en mis tardes, no, ni fue al cambiar de trabajo ni al producirse algún cambio importante en mi vida. ¿La culpa es de los libros? ¿Los libros ya no me dicen nada? ¿Fue de repente y no recuerdo cuándo ni por qué o fue progresivamente? Ahora que me voy a ir a vivir a otro sitio, una de las cosas que más ilusión me hace es tener un lugar para leer, quizá me consiga yo un sillón como ese de mi amigo, para leer, para ver si vuelvo a leer. Y me planteo la cosa más importante: ¿si tuviera un sillón para leer, leería? Acabo de caer en la cuenta de que no le pregunté a mi amigo si él le daba el uso correcto a ese sillón.

 

nico guau

domingo, 2 de mayo de 2010

los egoístas,

los egoístas están en todas partes,
cuando menos te lo esperas te escriben,
cuando me nos te lo esperas te llaman,
hay que tener cuidado con los egoístas,
 

sábado, 1 de mayo de 2010

los egoístas,

los egoístas están por todas partes,
mires donde mires aparecen los egoístas,
con su cara de egoísta,
su camisa pija de egoísta,
su pantalón pijo de egoísta,
y su música metida en los oídos,
música de egoísta,
que sale de un cacharro aplanado de egoísta,
 
y en plena conversación miran el móvil varias veces y lo contestan,
porque son egoístas,
o llaman a alguien por teléfono,
mientras les estás contando algo importante para ti,
y toman lo que no es suyo,
además de lo suyo,
o aparte de lo suyo,
o porque piensan que nunca tendrán uno suyo,
y por eso te cogen lo tuyo,
y no se acuerdan de ti nada más que en su propio beneficio,
y te piden cosas de egoísta,
sin pensar en ti,
sin acordarse de ti,
 
y a veces te llaman,
y les oyes al otro lado del teléfono con su voz de egoísta,
pidiéndote algo que tú tienes y ellos no tienen,
o sólo tienen uno,
y quieren también el tuyo,
y tú acabas dándoselo,
porque el egoísta tiene ese poder,
el de engatusar,
 
y luego pasa el tiempo y te olvidan enseguida,
y lo que una vez te tomaron,
ya lo han olvidado,
porque los egoístas tienen la memoria frágil,