martes, 30 de noviembre de 2010

Un abrazo

Cuando era niño y hasta casi la mayoría de edad, no permitía que nadie se me acercara. Me dejaba saludar de lejos, y yo correspondía levantando la mano. Pero nada de besarme, tocarme, y sobretodo nada de abrazarme. Luego me dejé llevar. Cuando entré en la Universidad, supongo. No caí más que en un vicio: el de tocar, y dejarme tocar. Sin ningún tipo de malicia ni de deseo. Tocar como un ingrediente en mi torpe relación con los seres que me rodean. Pero yo tocaba o abrazaba sinceramente. No como algunos, que engañan, exageran, adulteran el sentimiento. Tocan y mienten. Y esa mentira traspasa tu ropa y tu piel al contacto con el mentiroso , y tarda un rato en irse. Para eso, más valdría que no te hubieran tocado. El problema es que a veces está muy claro, pero otras no sé distinguir cuánto hay de verdad y cuánto de hábito relacional en cada abrazo. No me gusta que utilicen las costumbres conmigo. Y no sé si estoy conforme con esa rutina que adquirí y que a veces sigo practicando. Hablando de usos y modas, me molesta mucho que se despidan de mí por mail con "un abrazo", porque me suena falso. Porque es lo que se suele poner. Porque si no uno no lo daría en la vida real, ya que por norma general no se va abrazando por ahí a todo el mundo, ¿por qué escribirlo? Yo sólo lo escribo cuando le daría verdaderamente un abrazo a esa persona, pero por estar lejos no puedo hacerlo.

En el teatro de Madrid que más me gusta se está representando una obra de un autor español vivo, es decir, una de esas que todo el mundo dice que se deberían estrenar, pero a la que no va nadie. La obra lleva por título La máquina de abrazar, aludiendo con ello a un aparato con dos palas mecánicas que rodean el torso de la persona autista o hiperactiva, inventado por una doctora estadounidense con autismo. La máquina, comercializada en todo el mundo, tiene 3 posiciones de abrazo para que el usuario la pueda regular según lo que necesite en cada momento. El abrazo da protección, confianza, seguridad y estabiliza los ciclos vitales del ser humano. Parece ser que necesitamos los abrazos y el contacto físico para sobrevivir. Y en el caso de la persona con autismo, que no permite que se la toque, esta máquina está resultando muy útil, pues le proporciona todo lo mencionado anteriormente. Entonces, si el abrazo es tan importante, me pregunto cómo sobreviví sin ser abrazado durante tantos años.

Cuando era niño miraba a la gente y pensaba ¿cómo abrazara? Y cuánto más grande era una persona, más me gustaba, porque abrazaría más fuerte, y me podría esconder mejor en ese abrazo. Pero el problema era que no dejaba que me tocaran. Ahora, como a veces me es difícil distinguir entre un abrazo real y uno falso, creo que voy a volver a mis viejas costumbres. Y estoy valorando el comprarme una máquina. Miente menos. Sale por unos 4000 €, transporte aparte. Si hubiera tenido uno de estos aparatos desde niño, quizá en estos momentos sería una persona distinta. No estaría tan desequilibrado. No escribiría tantas tonterías.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

"no, no hace falta" (t.ú.)

 

todo,

todo tirar,
todo romper,
todo derribar,
todo destruir,
todo devastar,
todo deshacer,
todo aniquilar,
todo hundir,  
todo desaparecer,
todo destrozar,
todo desgarrar,
todo arrancar,
todo rasgar,
todo despedazar,
todo morir,

culo,

el tipo,

Eran poco más de las 10 de la noche. El tipo miró se detuvo, miro las letras a través del escaparate y se quedó pensando. Se podía leer "Servicios Funerarios". No sabía si entrar o no. Finalmente se decidió, abrió la puerta y sonaron unas campanillas celestiales. Detrás de un mostrador una muchacha de gafas leía un diario viejo. El hombre llegó hasta ella y con voz débil dijo:
 
- Buenas tardes, digo buenas noches.
 
- Buenas noches, -respondió sin ganas la joven. - ¿Qué desea?    
 
- Morirme.

despreciable,

soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,
soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,
soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,
soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,
soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,
soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,
soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,
soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,
soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,
soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,
soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,
soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,
soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,
soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,
soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,
soy un ser despreciable, y por eso me suceden las cosas,

martes, 23 de noviembre de 2010

domingo, 21 de noviembre de 2010

Las bolsas

 

Ayer deposité la basura en mis manos y la bajé al cubo en varios viajes. Se me habían acabado las bolsas. Creo que eso es lo que se espera del ser humano, que sea solidario, que no gaste los recursos. También podría ingeniármelas para no producir basura, o para reutilizarla o reubicarla en algún lugar de la casa. O me la podría meter pro el culo. Algo parecido deben hacer en esos países en que, según las películas, te dan la compra en bolsa de papel. Eso sí que es estar concienciado con el medio ambiente. Si yo no utilizo bolsas contribuyo a la preservación del planeta. El último supermercado de los que suelo frecuentar que aún era insolidario ha cambiado de política, y ahora vende la bolsa. Ayer, como vi que no tenía dónde tirar la basura, bajé a comprar cualquier tontería al súper más cercano. Cogí zanahorias, 45 céntimos, dispuesto a comérmelas de camino a casa, y cuando llegué a la caja, vi que el súper se había hecho ecologista. Lo venía notando un par de pasillos antes, algo se respiraba en el ambiente, pero no sabía muy bien qué. Pero cuando leí la lista de precios de las bolsas de plástico, de tela, de un sólo uso, de varios, etc, no hubo duda. La más simple costaba 1 céntimo, pero es de las que se rompen, se deshacen al dar la vuelta a la esquina, y uno acaba llevando la compra bajo el brazo, sobre la cabeza, en los bolsillos... La siguiente es para 15 usos, y está en oferta: 5 céntimos. Es más razonable comprarse ésta última, pues es cinco veces más barata que la anterior y dura más; creo que después de la vez número 15, cuando sacas la compra y la metes en la nevera, se desintegra. Me lo dijo ayer la cajera. También tienen, cómo no, la de lujo: una que cuesta 60 céntimos y que es para toda la vida. Como quien tiene los ojos azules, o como quien aprende a montar en bici, que eso ya es para toda la vida. Se trata de una bolsa de plástico duro y asas de tela con el nombre del supermercado que te la ha vendido pintado con letras grandes en su superficie; una bolsa que dura, y dura, y dura, y uno la debe llevar siempre, porque ya que se hace la inversión, hay que rentabilizarla toda la vida. Uno se la puede coser en el extremo de los dedos, como prolongación de estos, y tenerla siempre ahí en caso de necesidad. También, aunque no aparecen en el listado de tarifas, en los supermercados están las de siempre, las que algunos usan, las tradicionales bolsas de basura, negras, azules, blancas, de muchos y variados precios y tamaños. Nunca las he comprado, porque había que ser ecológico desde mucho antes, y siempre utilizaba las gratuitas. Y de éstas cogía sólo las necesarias, para sacar la basura. Nunca me he llevado bolsas para coleccionarlas. Consumía responsablemente bolsas de plástico con el nombre del supermercado de turno, para hacerles publicidad hasta sacando la basura. Así de fiel soy yo. Conozco a gente que ha comenzado a comprar las de basura, porque las gratuitas escaseaban. Pero a mí me es imposible psicológicamente pagar por una bolsa. Ahora hay veces que no compro porque no llevo una. Hay veces que me quedo con hambre por no comprarla. Pero no me importa. Porque siento que estoy contribuyendo con el medio ambiente. Por eso mi propuesta para la semana que entra es sencilla: robar bolsas. A los amigos, a los que me rodean. Necesito bolsas, pero si las compro, destruyo el planeta. Colaboraré con el medio ambiente pero no con los que me rodean.   

 

15 usos,

en el supersol tienen una que sirve para 15 usos,
cuesta 5 céntimos,
después de la vez número 15,
cuando has sacado la compra y la has metido en la nevera,
se desintegra,
 

cerca,

te acercas a la caja y empiezas a ver carteles que lo anuncian,
y cajas de bolsas de distintos tipos y a distintos precios,
de plástico duro,
de plástico blando,
de pocos céntimos,
de muchos,
culo,
culo culo,
 

la bolsa que se rompe,

en el eroski podías elegir entre comprarla o que te la den gratuita,
la gratuita se te rompe antes de andar 10 metros, se te deshace,
la gratuita ahora no lo es, cuesta 1 céntimo,
se sigue deshaciendo,
la que no es gratuita cuesta 5 céntimos,
hay dos tipos de bolsa,
además de la de plástico duro de casi un euro o un euro,
¿me da una de cada, que me las voy a meter por el culo delante de usted?
 

no cojo bolsas para coleccionarlas,

las cojo para utilizarlas,
 

práctica la conciencia ecológica en tu rutina diaria, no en la caja del súper, imbécil,

 

listado de supermercados que te cobran la bolsa:

- los supermercados inmundos
- los peores
- los más ruines
- los despiadados
- los ladrones
- los caros
- los que van de solidarios
- los que me meto por el culo
 

en esos países donde la gente mete su cvompra en bolsas de papel,

¿qué hacen luego con la basura, se la meten por el culo?

=

consumo responsable de bosas de plástico
es equivalente a
regalo responsable de bolsas de plástico
 
 

robar

voy a comenzar a robar bolsas de plástico,
esa será mi campaña solidaria para la esta semana que entra,

plástico,

me meto por el culo las campañas ecológicas de los supermercados para ahorrar plástico,

bolsa

reivindico mi derecho a consumir responsablemente bolsas de plástico,
no voy a volver a supermercados que no regalan las bolsas de plástico,

bolsa,

        no puedo
meter 
     basura en bolsa
por que
          no tengo
    bolsa
 
    bajo a súper
                    a comprar
lo más barato
                        para tener bolsa
 
                                de ayer a hoy el súper ha cambiado
                ahora no da bolsas
        las vende
para ser ecológicos
 
    para ayudar al medioambiente
            vende bolsas
        yo quiero una bolsa
                para tirar basura
  no quiero comprar bolsa
no quiero comprar bolsas de basura
                                quiero bolsa gratis
                                    compro zanahorias
                        45 céntimos
            para tener bolsa gratis
 
    tengo varias opciones
                                bajar la basura en mano hasta el cubo
                  meter basura en bolsa pequeña de zanahorias
        no producir basura
meterme basura por el culo
 
meterme la basura por el culo
 

martes, 16 de noviembre de 2010

lunes, 15 de noviembre de 2010

culo,


sábado, 13 de noviembre de 2010

músicaculo,

viernes, 12 de noviembre de 2010

xivª velada niculista,

niculistas observando el arte,


obs

jueves, 11 de noviembre de 2010

¿que vino quién?

 

congreso,

 
¿congreso = comer con dinero público, beber con dinero público, dormir con dinero público y con,,,?
 
quiero ir de congreso,
de lo que sea,
 

raro,

cuando era niño y hasta casi los 20 años, veía a la gente por la calle y me quedaba mirando a los grandes, porque la gente grande abrazaría mejor; veía a alguien grande y pensaba "¿cómo abrazará?"; la gente grande con brazos grandes y cuerpo grande tenía más cuerpo para abrazar y más pecho donde sentirse protegido y esconderse y no salir; necesitaba que me abrazaran pero no podían acercarse a mí, porque yo tampoco lo hubiera permitido,

porque era todo una mentira, realmente no soportaba que me tocaran, cuando acercaban una mano hacia mí yo me retiraba; no daba besos; no daba la mano; no tocaba a la gente; no miraba a la cara a nadie; cuando la familia me besaba yo cruzaba los dedos y pensaba "no está ocurriendo, no está ocurriendo"; luego me limpiaba la cara, las manos, en la ropa,

si me hubieran regalado esto, quizá ahora no sería un tipo tan raro; soy  raro de cojones, me dijeron ayer,

lunes, 8 de noviembre de 2010

La hospitalidad y la "fiesta, fiesta"

 
La semana pasada tuve durmiendo en el sofá a un tipo alemán de 22 años. Yo le llamaba "el alemán", pero realmente era inglés venido directamente desde Berlín a Barajas, y desde allí, en pocas estaciones de metro, a mi sofá, del que hizo su morada durante 12 días. Era amigo de un amigo que circunstancialmente está en Alemania estudiando, y ya que este chico tenía que pasar en Madrid unos días, mi amigo pensó que lo mejor sería dejarlo conmigo. Por supuesto le dije que no. Rotundamente. Intentó agenciarse otro sofá entre sus amistades, pero dos días antes de su llegada, me pidió otra vez el favor porque no había tenido mucho éxito en la búsqueda. No sé qué le habría contado de mí en Alemania. Lo único que me dijo fue que el alemán cocinaba estupendamente y que hablaba idiomas. "Pues qué bien", dije yo, ya que pensaba que él tendría sus propios planes y que no dependería de un servidor para llevarlos a cabo. Pero no resultó ser así. Y además sucedió que yo, al lado de un alemán-inglés mucho más joven, quedé como un hombre de las cavernas. Aunque si hubiera sido de mi edad, lo mismo hubiera ocurrido. Porque yo leo y duermo por las noches. Porque soy un aburrido. Porque yo no voy de "fiesta", como él decía. "Fiesta, fiesta", repetía de vez en cuando. No voy de "fiesta" quizá porque soy un aburrido, porque soy un ser cargadito de complejos, porque no me gusta la fiesta. ¿Eso es común entre los españoles? No, he descubierto que el extraño soy yo. Los seres que me rodean se van de "fiesta, fiesta". Salen por la noche. Toman copas aquí y allá. Bailan. Eso de lo que había oído hablar y creía tan lejano, existe, lo descubrí la semana pasada. Y como para el alemán de mi sofá no era suficiente estar tomando algo entre semana hasta las 2 de la mañana, pues el viernes quedé con otros amigos para la tan mencionada "fiesta, fiesta". Me podía haber ido antes. Pero me quedé. Porque soy un ser cargadito de complejos y además sin personalidad. Porque soy un tonto. Me quedé y vi cómo todos le hablaban y le integraban en sus conversaciones y él hacía como si lo comprendiera todo, era muy agradecido y a cualquier cosa que le decían sonreía. Esa noche visitamos 3 locales nocturnos. Después, a las 5 de la mañana, algo bastante inusual para mí (habían estado tirando de mí en los últimos dos bares para que no me fuera), el resto de amigos que aún me quedaba en esos momentos, se quería ir. Entonces, cuando todos le empezaron a dar besos de despedida, mi alemán comprendió que la fiesta había acabado y ponía cara de desacuerdo absoluto. No le entraba en la cabeza por qué los españoles, o al menos aquellos entre los que había caído (ah, mala suerte), no gustaban de la "fiesta, fiesta".  Para él era temprano. Nos quedamos los dos solos en medio de la calle. Yo le dije que me iba a dormir. Él no sabía qué hacer. Puede que tampoco quisiera quedarse solo. Le dije que la fiesta estaba por allí, y le señalé con el dedo hacia unas calles muy concurridas. Pero no se movió. Me iba, le invité a que hiciera lo que quisiera. Me siguió. Hasta el autobús. Refunfuñando. En alemán. Eran las 5 y media de la noche, estaba lloviendo, hacía frío. Él había recorrido, con sus 22 años, medio mundo haciendo autostop, y se había montado en invierno una excursioncita en bicicleta desde Berlín a Estambul. Desde Madrid iba a viajar a Buenos Aires a la aventura, para subir por la geografía americana hasta Mexico. Pero no podía irse de "fiesta, fiesta" solo. Entonces, cuando llegamos a la puerta del autobús, me gritó bastante. En alemán. Yo entendí el subtexto: la queja era sobre algo concreto, pero por debajo había algo más. Sólo dijo que se sabía cuidar bien solo. Que si era lo suficientemente adulto como para irse a Buenos Aires, entonces también podía irse de fiesta solo. Pero realmente protestaba por todos esos días monótonos que yo le había hecho pasar, de museo en museo, de teatro en teatro, de aburrimiento en aburrimiento; o hablándole español, que al fin y al cabo para eso creí que viajaba; o juntándolo con multitud de personas, cada una con sus rasgos lingüísticos, andaluces, extremeños, gallegos, vascos, madrileños, manchegos..., tratando de integrarle en varias reuniones de gente dispar que yo improvisaba cada tarde. Me echó en cara todo esto a la vez, pero sin expresarlo claramente. Le dije de nuevo que se fuera, y le señalé la dirección de la fiesta. En alemán. Me di la vuelta, esperando que cuando el autobús abriera las puertas ya no estaría allí. Y me sentí bastante mal. Pero él se quedó, sin moverse. Cuando llegamos a casa, a las 6 de la mañana, se metió en su (mi) sofá. No sé si se durmió o no, porque yo en mi cama sí me dormí. Con un gran cargo de conciencia. Por lo mal que se lo había hecho pasar al alemán. Por todos esos días en que él no había estado a gusto, y que yo sí había disfrutado. Tres días más tarde se fue. De una forma fría. No sé qué recuerdo se habrá llevado de España. Quizá, por mi culpa, piense que somos todos unos aburridos. Que no nos gusta nada la "fiesta, fiesta". Una amiga, antes de que ocurriera todo esto, me dijo que por qué los españoles éramos tan hospitalarios, que si acaso a mí en Alemania me hubieran tratado como estaba tratando yo a mi alemán.

La misma tarde que se fue, el que me lo enviaba desde Berlín me preguntó por mail que qué tal había resultado la visita. Todavía no le he respondido.

 

nico guau

el invierno,

el otro día edipo se separó del samovar, miró al tendido como quien mira por la ventana la tarde lluviosa, y dijo lánguidamente: "tebanos, qué nos deparará el invierno aquí",

martes, 2 de noviembre de 2010